Entre líneas de código y decisiones
A ver, digamos que este blog puede iniciar diciendo quién soy.
Me llamo Cristian Asprilla, nací y crecí en La Palma de Darién, Panamá.
Vengo de una familia humilde, pero con algo que vale más que cualquier fortuna: el apoyo incondicional de mi mamá y mi papá, quienes siempre me dieron todo lo que pudieron.
Mis primeros pasos con la informática
Mi amor por la informática empezó de una forma muy sencilla.
Cuando llegaba la época de Navidad, viajaba a la Ciudad de Panamá a quedarme en casa de mi hermana mayor. Ella tenía una computadora de escritorio, y para mí eso era lo máximo.
Recuerdo la emoción de llegar solo para “trastear” la computadora: navegar en Internet, descubrir cosas nuevas, descargar música y juegos en Ares, y llenar el sistema de virus sin querer —pero feliz.
En ese entonces usaba Windows 7 y Internet Explorer. Descubrí artistas como Wiz Khalifa, aunque no entendía ni una palabra de lo que decía.
Eran otros tiempos, con páginas como El Rincón del Vago y programas que hoy ya son historia. Pero fue ahí donde empezó todo.
El camino de un bachiller en informática
Gracias a esa curiosidad, cuando llegó el momento de elegir mi bachillerato, tenía claro que quería estudiar informática.
Muchos esperaban que fuera por ciencias —siempre fui buen estudiante—, pero algo dentro de mí me decía que debía seguir mi instinto.
Ahí apareció alguien clave en mi historia: la profesora Rosa Robles.
Fue quien me presentó un mundo nuevo. Un día, mientras estaba en mi casa —recuerdo que estaba cerca de un palo de mango—, me llamó para contarme sobre una competencia: RoboCup Junior.
Esa llamada cambió mi vida.
RoboCup Junior y el despertar del propósito
Acepté participar, y desde ese momento mi amor por la informática se hizo más fuerte.
Gracias a la profesora Rosa conocí a personas increíbles, viajé por primera vez a Ciudad del Saber, y participé en varias ediciones de RoboCup Junior.
Tuve la suerte de tener un compañero que se convirtió casi en mi hermano. Amanecíamos trabajando juntos, aprendiendo, fallando y volviendo a intentar.
Gracias a la dedicación de mi profesora y al apoyo de mi escuela, logramos clasificar a regionales y nacionales, incluso ayudamos a que las regionales llegaran por primera vez a Darién.
No todo fue fácil: perdí proyectos enteros por fallas técnicas (una vez se me apagó la laptop vieja de mi hermana y perdí el código completo). Pero lo más importante no se perdió: las ganas de seguir.
Contra las expectativas y a favor del sueño
Mi papá quería que yo fuera policía.
Y aunque respeto esa profesión, sentía que no era mi camino.
Había trabajado duro por mis estudios y quería seguir creciendo en el área de tecnología.
Hice el examen para la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) y lo pasé. Fue una alegría enorme, porque sabía lo que había costado.
Quería estudiar en el extranjero, pero los procesos de becas no siempre fueron fáciles. Escribí muchos correos, busqué oportunidades y, aunque no siempre me respondieron, nunca dejé de intentarlo.
Universidad, Linux y nuevos horizontes
En la UTP estudié Ingeniería en Sistemas de Información.
Desde temprano me gustó Linux: instalé Kali Linux en la computadora que me dieron en la escuela por parte del “MEDUCA” y comencé a interesarme en seguridad informática.
Con el tiempo, ese interés se transformó en algo más grande: la ciencia de datos.
Participé en hackatones, aprendí sobre AWS, usé Google Maps API y resolví problemas reales.
Tuve buenos amigos, momentos duros, y lecciones que aún valoro.
El sueño de estudiar en el extranjero
Apliqué finalmente a una beca de SENACYT. Me llamaron a entrevista.
Recuerdo perfectamente el momento en que vi mi nombre entre los seleccionados. Brinqué de alegría. Estaba con mi mamá aun recuerdo.
No fue fácil encontrar codeudores (personas que respaldan la beca en caso de abandono), pero finalmente mi papá fue uno de ellos, y otra persona —un desconocido que creyó en mí— fue el segundo.
A ambos les debo mucho.
Gracias a esa beca me fui a estudiar a Canadá, a Ontario Tech University, donde me gradué en Ciencias de la Computación con especialización en Ciencia de Datos y un minor en Matemáticas.
No fue un camino fácil: estar lejos de mi familia fue duro, y no todo salió perfecto, pero lo logré.
Gratitud, familia y propósito
Cuando me gradué este año (2025), revisé mis viejos correos: los mensajes que había enviado buscando oportunidades, becas, ayuda.
Lloré. Lloré de orgullo, de agradecimiento, de alivio.
Porque vi que cada correo era una semilla de lo que hoy soy.
No puedo olvidar a mi familia —mi mamá, mi hermana, mi “manita”—.
Ellas siempre han sido mi base, mi motor y mi inspiración.
También a las personas que creyeron en mí, incluso sin tener ningún lazo de sangre.
A todos ellos: gracias.
Un consejo para quien lea esto
Si estás leyendo esto, quizás sea por curiosidad, o porque te identificas.
Sea como sea, quiero dejarte algo claro:
lucha por tus sueños.
Tener un norte cambia todo.
A veces el camino te desviará, a veces parecerá que das vueltas sin llegar a ninguna parte. Pero si mantienes tu rumbo, tarde o temprano llegarás a tierra firme.
Yo quería estudiar en la Universidad Tecnológica de Panamá y terminé graduándome en Canadá.
El destino me movió, pero el norte era el mismo: aprender, crecer y no rendirme.
Epílogo
Hoy trabajo en lo que me gusta.
No sé qué vendrá mañana —nadie lo sabe—, pero tengo claro mi rumbo.
Y este blog es, en parte, mi manera de dejar constancia de ese viaje.
Quizás nadie lo lea, o quizás alguien sí.
Pero al menos aquí quedará mi historia.
Entre líneas de código y decisiones.